Las tutorías afectivas son un espacio de acompañamiento personal dentro del centro educativo. No se centran únicamente en el rendimiento académico, sino en el bienestar emocional, la autoestima y el desarrollo personal del alumnado.
A través de encuentros periódicos y confidenciales, un docente de referencia establece un vínculo de confianza con el alumno o alumna. El objetivo es escuchar, orientar y detectar posibles dificultades —académicas, sociales o personales— antes de que se conviertan en problemas mayores.
Estas tutorías permiten trabajar habilidades como la gestión emocional, la resolución de conflictos, la toma de decisiones y la responsabilidad personal. También facilitan la coordinación con las familias cuando es necesario, reforzando la idea de que educar es una tarea compartida.
En definitiva, las tutorías afectivas ayudan a que cada estudiante se sienta acompañado, escuchado y valorado, porque aprender no es solo adquirir conocimientos, sino crecer como persona.
Al alumnado propuesto (por el tutor/a, orientación o equipo docente) y a su familia se les informa del programa y sus características. Es voluntario y se comienza tras el acuerdo de aceptación por todas las partes.
El docente y el alumno/a se reúnen en periodo lectivo cuando el primero tiene un hueco lectivo y tras informar y solicitar permiso al profesor de la materia que el alumno tuviera en horario.